2ª Entrega Budismo

  • Budismo

«El Joven Gautama»

Audio Intro

Teniendo 19 años Gautama se casó con una hermosa y joven mujer mientras que su padre seguía intentando ‘protegerlo’ manteniéndolo apartado del resto de la sociedad. Pero Gautama era un joven ávido de conocimiento, audaz, atrevido, y esa inquietud interna de aprender siempre algo nuevo le llevó un día a pedirle a su asistente que le llevase a dar un paseo por la ciudad, algo que jamás había hecho.

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«Su padre quería que fuese el más grande y poderoso de los conquistadores y reyes, su heredero en el trono».

Gautama había permanecido siempre dentro de los muros del hermoso palacio rodeado de bondades y belleza. El asistente como es de imaginar preparó la carroza y sin decir más, le condujo hacia la capital del reino. Mientras paseaban por ella se cruzaron de pronto con un anciano que apenas podía caminar. Él jamás en toda su vida había visto a un anciano, su padre como hemos dicho lo había rodeado constantemente de gente joven, vital, alegre, saludable… así que al verlo se sintió extrañado, confundido, y le preguntó al conductor:

¿Que le pasa a este buen hombre? Su asistente contestó espontáneamente:

Nada… no le pasa nada su alteza, es solo un hombre viejo. Gautama volvió a preguntar:

¿Como que es un hombre viejo, que quieres decir? A lo cual el conductor respondió inocentemente…

Pues que es un anciano, un hombre ya muy mayor… es que todo el mundo envejece su alteza… Gautama se miró a si mismo. Era un hombre joven, apuesto, sano… esto no concordaba con lo que él conocía, entonces volvió a preguntar…

¿Que quieres decir con que todo el mundo envejece? ¿También a mi me sucederá? El cochero respondió un poco sorprendido…

Si claro mi señor, todo el mundo envejece; si somos capaces de vivir lo suficiente nos volveremos viejos inevitablemente.

Darse cuenta que él también envejecería como el hombre que había visto fue un verdadero shock, una tremenda toma de conciencia para Gautama. Mientras meditaba sobre lo que había visto y comprendido hacía apenas unos instantes, vio un poco más adelante a otro hombre anciano. Este estaba muy enfermo y tirado en la calle colmado de dolor e incapaz de levantarse siquiera. Gautama aún más sorprendido que antes volvió a preguntar…

-¿Y a este hombre que le pasa? ¿Por qué está así? El cochero volvió a responderle aún más sorprendido…

Bueno… desafortunadamente está enfermo. Respondió su asistente

¿Como enfermo, que significa eso?, volvió a preguntar Gautama…

Verá su alteza, el cuerpo a veces se enferma, le pasa a todo el mundo. Me pasa a mi y le puede pasar a todo el mundo la verdad…

¿Quieres decir que puede también pasarme a mi siendo el príncipe? preguntó Gautama…

¡Claro su alteza!respondió el cochero- le puede suceder a cualquiera.

Esto fue otro tremendo shock para Gautama. Como si no hubiese sido suficiente un poco más adelante se cruzaron con un funeral; un grupo de gente acarreaba el cuerpo de un difunto. Gautama como era previsible volvió a preguntar…

¿Y esto que es?¿Que le ha sucedido a ese hombre?

Se ha muerto señor, respondió nuevamente el cochero.

¿Y eso que significa? Volvió a inquirir.

Que se ha muerto, que ha dejado de existir, que ya no vive. Es algo que todo el mundo sabe, todos moriremos algún día su alteza, todos, absolutamente todos sin excepción alguna. Contestó su asistente y conductor.

Gautama ante tal revelación quedó ensimismado, notablemente perturbado y preguntándose…

  • ¿Qué estoy haciendo con mi vida de distracción en diversión, de un placer en otro? ¿Qué me pasará en el futuro cuando acabe como estos hombres?

Su mente no pudo parar de imaginar que sucedería y la confusión se apoderó de él. De pronto ser un príncipe, vivir en un palacio rodeado de bondades y placeres dejó de tener significado alguno para él. Comenzó a preguntarse que sentido tenía desperdiciar la vida distraído hasta que en algún momento la realidad de la vejez, enfermedad y muerte le atrapase y se apoderase de él. Que sentido tenía invertir toda la vida del modo en que estaba viviendo, sin llegar a conocer el verdadero motivo de la existencia. Darse cuenta que él también envejecería y moriría igual que los hombres que había visto, fue un verdadero shock, una tremenda toma de conciencia.

Por aquel entonces Gautama ya tenía un hijo bebé. Cuando regresaron a palacio miró a su mujer y a su hijo, sus dos seres más amados, y pensó que a ellos también en algún momento les tocaría sufrir, enfermarse y morir, y esto le conmocionó aún más. Durante meses y meses atravesó el tormento de no poder marcharse a buscar la forma de acabar con ese posible sufrimiento que cierne sobre la cabeza de todos, hasta que al final después de unos 15 meses no pudo soportar más. El niño ya tenía un año y medio, y una noche, como si fuese un ladrón, se marchó del palacio sin decirle nada a nadie. Se fue simplemente a buscar… marchó a la búsqueda de la verdad sobre la vida, y esa búsqueda le llevó de escuela en escuela…

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