2ª Entrega Dimensión más allá de lo Físico

El Potencial Real

Si se quiere penetrar en los planos superiores hace falta desarrollar el potencial interior, porque los cinco sentidos no alcanzan para estas dimensiones, no son capaces de percibir la materia más sutil.

El Ser Humano ha intentado alcanzar estos estados de muy diversas maneras, pero el mejor camino y más seguro para buscar estas sensaciones de plenitud es sin duda alguna a través de prácticas y recursos espirituales. Hasta que el ser humano no haya desarrollado esta potencialidad que pueda ponerle en contacto con las regiones y entidades más elevadas, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que no sabrá ‘gran cosa’, seguirá completamente dominado por las impresiones obtenidas de sus cinco sentidos, que si bien maravillosos, insuficientes para alcanzar el potencial real del que todos disponemos.

Hasta que no hayamos desarrollado la ‘totalidad’ de nuestro potencial, podremos hablar, escribir, explicar, criticar, juzgar, pero seguiremos conociendo sólo una parte de la realidad. Si queremos conocer toda la realidad hace falta que nos ejercitemos en despertar otras facultades que siempre hemos poseído, pero que permanecen dormidas a la espera de ser utilizadas. Esto no es ciencia ficción, no son palabras ‘huecas’… esta es una realidad posible y al alcance de cualquiera que tenga la dedicación suficiente, la motivación y curiosidad necesaria para despertar ese potencial que todos, absolutamente todos los seres humanos disponemos por herencia divina.

«Hasta que no hayamos desarrollado la ‘totalidad’ de nuestro potencial, sólo conoceremos una parte de la realidad».

Somos parte del ‘Todo’, y como tales, en nuestro interior están ya depositadas las semillas de la divinidad, solo tenemos que aprender a regarlas y hacerlas florecer. A esa forma de ‘regarlas’ se le suele denominar ‘el método’. La tradición esotérica explica, que en una época lejana cuando el ser humano todavía no había tomado la posesión total del cuerpo físico vivía continuamente desdoblado fuera de ese cuerpo. A medida que su espíritu empezó a descender progresivamente a la materia desarrolló las facultades, o sea, los cinco sentidos que le permitieron trabajar esta materia al tiempo que dejaba que se debilitasen sus facultades superiores.

Pero eso no significa que las haya perdido, todavía las posee. Cuentan las leyendas de algunas de esas tradiciones esotéricas que en aquella época los humanos hablaban con los espíritus de la naturaleza y con las almas de los difuntos, se encontraban con ellos, se comunicaban, y cuando morían, ni ellos mismos sabían si estaban vivos o muertos. El mundo invisible, el mundo de los espíritus era para ellos real, flotaban en la atmósfera como si fueran inmateriales y sólo de vez en cuando entraban en sus cuerpos físicos. En estas condiciones no estaban preparados en modo alguno para trabajar en la materia.

«La tradición esotérica explica que en una época lejana, el ser humano vivía continuamente desdoblado fuera de su cuerpo…»

Ahora bien, para evolucionar tenían que pasar por esta fase. Actualmente los humanos han adquirido fantásticos medios intelectuales para dominar la materia, pero a su vez han olvidado la existencia del mundo espiritual, han roto el contacto con él. Ciertamente en algunos ha quedado un recuerdo, una intuición, pero la mayoría lo ha olvidado, ha perdido contacto con esa sabiduría intrínseca.

Existen dos formas distintas de conocimiento:

a. Intelectual, y

b. Espiritual.

Si se pueden desarrollar ambos a la vez mucho mejor. No se debe olvidar nunca que la naturaleza en sí misma se ve afectada por la evolución de la humanidad; ha presenciado el desarrollo del ser humano en los dos sentidos, el material y el espiritual. Sin embargo, parece ser que puesto que es muy difícil desarrollar los dos aspectos al mismo tiempo se le ha concedido al ser humano siglos y milenios para que trabaje en una sola dirección, pero dejándole algunas vías abiertas a la otra con el fin de no poner trabas a su evolución espiritual.

Así pues, en esta época, el Espíritu Cósmico, el Absoluto, Dios, Shunyata o como te apetezca más llamarlo, habría decidido el permitir desarrollarnos en el campo de las sensaciones de la vista, del oído, del gusto, del tacto, etc… se nos ha permitido descender a la materia para poder dominarla, tocarla, explorarla, conocerla y, sobre todo trabajarla hasta aprender a transmutarla. Así es, se trata de un tránsito. El espíritu humano no está obligado a descender más y más en la materia para conocerla hasta el extremo de perder prácticamente todo recuerdo de la patria celeste en la que vivía en un pasado lejano.

«Existen dos formas de conocimiento: el intelectual y el espiritual. Si se pueden desarrollar ambas al mismo tiempo muchísimo mejor».

Al conocer mucho mejor la materia el ser humano ha avanzado mucho, y sobre todo ha empezado a dominar su propia materia. De momento sólo una pequeña minoría es capaz de hacerlo, sin embargo, parece ser que la finalidad de la existencia humana en la tierra consiste en descender al cuerpo físico para tomar conciencia de sus facultades y utilizarlas para trabajar en el mundo externo. Se trata de un período de involución, de descenso a la materia hasta alcanzar la capacidad de disfrutarla y al mismo tiempo ser capaces de transmutarla.

Cuando el ser humano haya adquirido un estadío suficientemente satisfactorio de autodominio, de conocimiento de todas las propiedades de los elementos, de control de su cerebro, de sus miembros y de todas sus facultades, entonces otras influencias, otras fuerzas, otras corrientes empezarán a afectarle, a elevarle, y progresivamente reencontrará las facultades que poseía en un pasado lejano. Cuando los humanos hayan vencido y dominado la materia gracias a los cinco sentidos, de nuevo empezarán a remontar el vuelo hacia las alturas para desarrollar sus sentidos espirituales.

Así pues, quienes deseen avanzar por el camino de la evolución que comiencen a reducir un poco las sensaciones que se adquieren a través de de los cinco sentidos, y que busquen a partir de ahora en su interior a través de la práctica espiritual. Ahí es donde está el verdadero secreto.

¡Sólo hace falta el coraje y la decisión de buscarlo!