3ª Entrega Budismo

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«La Búsqueda»

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Cuando regresaron a palacio Gautama miró a su mujer y a su hijo, sus dos seres más amados, y pensó que a ellos también en algún momento les tocaría sufrir, enfermarse y morir, y esto le conmocionó aún más.

Por aquellos tiempos había en la India muchas y diferentes escuelas establecidas. Se dice que llegaron a haber cerca de 1800 escuelas; no hablamos solo de instituciones, sino 1800 escuelas diferentes en cuanto su forma de enfocar la búsqueda de la realización espiritual; 1800 formas diferentes de búsqueda de la divinidad o espiritualidad. Por ponerlo en un contexto moderno sucedía algo parecido a lo que ocurre hoy día con la ciencia médica. Hace treinta años uno tenía un problema de salud y todo lo que necesitaba hacer era llamar a su médico de cabecera. Sin embargo hoy día tienes un especialista diferente para cada parte del cuerpo.

Si seguimos así de aquí a unos cuantos años necesitaremos 50 o 100 médicos para hacer un chequeo normal. Es muy posible que una vez que hayamos conseguido las 100 citas médicas para el chequeo, igual ya no necesitemos un médico, sino un sepulturero. Pongamos por ejemplo un dentista. Creo que hay 32 dientes en la boca. El dentista como bien saben estudia años para sacar su título. Cada diente o muela es una entidad en si misma; imaginaros ahora que los dentistas comenzaran a especializarse en cada una de las muelas y dientes y en lugar de ir a visitar a un dentista tuviésemos que visitar 32… sería ridículo ¿no?

La especialización cuando se cruza un límite se vuelve ridícula porque se pierde el origen holístico de la cuestión, de la persona o de la situación.

Esto es lo que de alguna manera había sucedido con el camino espiritual en la India en aquella época. La gente comenzó a especializarse en una increíble cantidad de pequeños detalles. Cada escuela tenía una especialización diferente y a su vez cada especialización era un todo en si misma. La búsqueda espiritual había cruzado ese límite por aquella entonces. Cuando Gautama empezó su búsqueda muchas escuelas ya se habían fusionado, pero aún así seguía habiendo un número enorme de ellas.

«Había en la India 1800 escuelas diferentes, en cuanto su forma de enfocar la búsqueda de la realización espiritual».

Siddhartha fue de escuela en escuela aprendiendo diferentes formas de samadhi o meditación… vio que todas eran experiencias maravillosas, pero aún así no conseguían liberarlo de su condición, seguía sin encontrar lo divino. Fue entonces cuando decidió convertirse en un asceta, en un Samana.

En la India existía, y todavía existe, la creencia de que la mortificación del cuerpo puede liberar el espíritu. Siddhartha se dedicó a este camino con la misma determinación que se había aplicado a la meditación. Practicó todos los ascetismos que había, entre ellos dejar de comer; torturó de tal modo su cuerpo que llegó a tener fama de ser el seguidor más extremo de todos en aquel camino, y continuó así durante seis años.

La condición de un Samana es que nunca va a pedir comida o a buscarla porque básicamente quieren superar el instinto básico de supervivencia. El samana camina y nunca pide comida. Pero claro, la gente por aquel entonces era sensible a estas prácticas y si veían a una persona espiritual caminado enfrente de su casa, cocinaban algo y corrían detrás de ella para ofrecérsela. Les servían dondequiera que estuviesen porque sabían que nunca pedirían comida.

«Siddhartha fue de escuela en escuela aprendiendo diferentes formas de samadhi o meditación… vio que todas eran experiencias maravillosas, pero aún así no conseguían liberarlo de su condición, seguía sin encontrar lo divino».

Por aquel entonces había miles de samanas caminando la India y la gente estaba sensibilizada con estos practicantes y sus modos, así que si incluso no querías pedir comida, pero querías comer, te acercabas a la ciudad y siempre había alguien que te daba algo. Pero Gautama se tomó el camino samana tremendamente en serio y para evitar esto se fue al bosque. Con la ausencia casi completa de alimento, su delgadez llegó a ser tal después de seis años que se podían contar todos los huesos de su cuerpo. Se volvió básicamente una bolsa de huesos y piel.

«En la India existía y todavía existe la creencia, que la mortificación del cuerpo puede liberar el espíritu».

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